domingo, 26 de febrero de 2017

Terroir al Limit Terroir Históric Blanc 2015.




De la mano de Dominik Huber y Eben Sadie llega al mercado este vino romántico en un doble sentido de la acepción. Representantes de un modelo propio, que aúna respeto a la tradición y resultados en el interior de la copa que hablan de vinos con músculo, recios y expresivos, vigor y pasión hacia una identidad, viñedos y suelos interpretados a través de un trabajo concienzudo y lleno de reivindicación de la autenticidad, Huber y Sadie llevan a buen término una conjunción varietal con una base mayoritaria de la casta garnacha blanca y un aporte complementario, veinticinco por ciento, de macabeo. Utilizaba en el inicio de esta entrada del blog el término vino romántico, basándome primero en el homenaje de sus elaboradores a las nueve localidades que en el pasado pagaban tributo al Prior del Monasterio de Escaladei, monjes que iniciaron la elaboración de vino en el Priorat y que fundaron la cartuja en el siglo XII. En segundo lugar por lo que encierra este vino y que guarda relación directa con su proceso de elaboración, algo que por otro lado conviene tener en cuenta cuando se descorcha una de estas botellas. Cuestión de cultura vitivinícola, mire usted por donde. Y es que en realidad estamos ante lo que siendo un vino blanco seco, en cuestión de vinificado guarda más relación con un tinto. El eterno Grial de muchos catadores, ¿qué pasaría si vinificásemos un vino blanco de igual modo que un vino tinto, macerando con los hollejos y probablemente a temperatura más baja?. Más estructura, punta de rusticidad y con los ojos cerrados, una sensación intensa, hercúlea diría yo, que engancha al tiempo que engaña con relativa facilidad, sin duda más de uno diría que está delante de un vino tinto. Y uno se pone a buscar y encuentra el brisat, histórico método de elaboración no exento de cierta complejidad que reúne esas características y que desde luego no es novedoso. De hecho en zonas como Priorat y Terra Alta se ha puesto en práctica desde tiempo inmemorial. Justo el mismo modo en que se edifica este Terroir Históric de Huber y Sadie, para gozo y disfrute de quienes buscamos en una copa de vino algo más que un trago de lo que sea.
Fruta cosechada en viñas localizadas en cada uno de los nueve municipios que rendían tributo al Prior de la Cartuja de Escaladei, altitud media que oscila entre los trescientos cincuenta y ochocientos metros sobre el nivel del mar, con asiento en suelos de componente pizarroso, arcilloso y granítico, con una climatología de influencia mediterránea. Tras la vendimia manual las uvas se introducen enteras y sin despalillar en depósitos de cemento, mediando un pisado ligero que precede al cierre y una fermentación alcohólica espontánea. Después se inicia una maduración de entre seis y siete meses en cubas de cemento, procediendo tras este afinado al embotellado final.
Sorprende tras el descorche, primero por el cromatismo amarillo malteado, oro viejo, con buena estampa de brillo y pureza aún bajo el manto de un lienzo evolutivo. La nariz despega cerrada, por lo que es recomendable tener paciencia y airear el interior de la copa. No es preciso mucho tiempo, en más menos cinco minutos hay una evidente apertura aromática, con nostalgias apicultoras y melíferas, cítricos suaves, alguna compota navideña y un retorno central que deambula con paso firme entre evocaciones silvestres y balsámicas, paisaje más otoñal que primaveral. Arbustos, hierbas aromáticas que escoltan a la fruta, esta de expresión inicial más tímida y ahora rotunda.
La fragancia es fresca y sorprende por esa distensión entre cuadro evolutivo presencial y rústica adolescencia. Abre en boca con plenitud, sabroso y largo, buena traza de acidez, graso y con seña de fluidez, sápido y con un enorme músculo en el paso, vigoroso y con una sugerente escala de salpimentados que adornan a la fruta, untuoso y zalamero. Saben mis lectores que no suelo mencionar la tanicidad casi nunca cuando hablo de catas de vino blanco, aquí lo hago por justicia. Los taninos hablan y cuentan jugosa personalidad, marcaje y un guiño menor como globuloso, sustancioso y periférico. Imponente, es como un galán porteño dirigiendo el tango y acompasando el movimiento de su pareja. Buena seña de persistencia, llega y aunque con inusitada suavidad percute, dando en la fase retronasal evocadoras notas de limón en confitura, miel y cera de abeja, membrillo, frutas navideñas en compota, algunos frutos secos, anisados suaves, flores secas, salpimentados tonos, bosque y matorral. Un vino sorprendente, que va de más a mucho más y que califico en esta añada 2015 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Romántico, orgulloso, dotado de personalidad y aunque suene contradictorio para algunos, de una elegante rusticidad.

sábado, 25 de febrero de 2017

Familia Nin-Ortiz Planetes de Nin Partida ¨Les Planetes¨ 2014.





Ester Nin, Carles Ortiz y sus planetas forman parte de eso que algunos bautizaron como Renaissance des Apellations, que pese a su aire francófono y algo complejo de entender, no es más que el esfuerzo de algunos vitivinicultores por hacernos llegar las artes de la biodinámica y la dynamisation, hasta el interior de la copa. Ester y Carles manejan la agricultura ecológica desde el año 1999 y fue en el 2006 cuando empezaron a seguir los preceptos de la biodinámica, con prácticas al uso que incluyen desde trabajo de campo con la ayuda de mula a tisanas de extractos. Planetes de Nin es un vino tinto que se elabora con fruta procedente de una parcela única situada en la llamada partida Les Planetes, plantada con garnacha en bancales y cariñena en costers, y que sus propietarios cuidan con azufre mineral, tisanas y compost de estiércol animal. La parcela ocupa cuatro hectáreas y tiene una orientación cardinal este, zona vinícola fresca que evita perfiles de sobremaduración.
Vendimia manual, con una posterior vendimia selección, cuidando que racimos y granos óptimos en cuanto a maduración sean sólo los que llegan a bodega. Uso de levaduras indígenas y remontados manuales, sin empleo de bombas mecánicas. En función de cada lote de fruta se procede ó no con un fermentado con raspón, maceraciones en frío durante cuatro ó cinco jornadas y arranque espontáneo de la alcohólica que suele prolongarse durante quince días, incluyendo un único pigeage al día, siendo este muy ligero para evitar quebrar las pieles. Sangrado del vino y prensando suave de esas pieles, posterior limpieza de los tinos de roble francés Allier de tres mil litros, en los que tras regresar los vinos a su interior, se desarrolla la fermentación maloláctica. No se añade So2 hasta el final de las dos fermentaciones y es después y siempre en función de las analíticas cuando se decide su proporción. Ester y Carles embotellan siempre con luna decreciente y en días flor ó fruta, bajo los parámetros del calendario que marca el único satélite natural de la Tierra.
El vino antes de su embotellado madura durante dieciocho meses en los continentes ya mencionados.
Tras el descorche y en copa parada exhibe un cromatismo apicotado de notable intensidad, con reflejos violáceos y purpúreos, nariz que llega franca expresando recuerdos de fruta roja y menos negra, en sazón y algún crédito varietal de la garnacha que recrea evocaciones de naranja, segundo plano con matices silvestres y especiados, centro de fragancia balsámico, botica y un punto final en el perfume que expresa con delicadeza un guiño mineral, de pedernal húmedo. Es un vino de matices en el aroma, complejo, de los que uno disfruta metiendo y sacando la nariz una y otra vez de la copa, como un parque de atracciones para el catador. Avanza desde el primer servicio, emociona, desprende tras la fruta ramilletes de flores y arbustos, nuez moscada y vainilla, regaliz y botánica, incluso algún gesto que me recuerda a los talleres artesanales de los boticarios naturistas. En boca es sabroso desde el arranque, la fruta se extiende por la boca, la macera, buen tono de acidez, integración alcohólica en plenitud, guiño amargos suave y sugerente, los balsámicos que alcanzan el paladar conjuntados con la  fruta, concentrado y jugoso. Taninos golosos y maduros, suaves, deja una estupenda persistencia, con alcance y  buena llegada al final. Retronasal que abunda en recuerdos de cerezas, ciruelas rojas y negras, frambuesas y arándanos, buen repertorio silvestre en segundo plano, hay flores rojas y violetas pero también arbustos, especiados e incluso algún herbal aromático, balsámicos y plantas medicinales naturales. Siempre la fruta por delante, acabando en una brisa mineral que aquí apunta cierta salinidad y un prolongado apéndice que recrea nostalgias de roca húmeda.
Una gran añada para un vino que encandila.
Lo califico en esta añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

viernes, 24 de febrero de 2017

Bodegas Muga Blanco 2016.





Nueva añada, la correspondiente a la vendimia 2016, de esta referencia de Bodegas Muga que pude degustar durante una cata en el establecimiento Entrecopas de la localidad riojalteña de Haro. Para la ocasión Pablo, uno de los propietarios y chef de este local de restauración, seleccionó una armonía consistente en una tapa de setas, que le fue de mil amores a un vino blanco seco elaborado con una base varietal mayoritaria de la casta viura y pequeños aportes complementarios de malvasía y por vez primera garnacha blanca. Esta es la novedad del blanco fermentado en barrica de la bodega del Barrio de la Estación, apuesta ecológica por una variedad que aporta personalidad floral al conjunto, junto con una mayor sensación gustativa en cuanto a cuerpo y estructura.
Fruta que se vendimia en parcelas con suelos de composición arcillo calcárea y aluvial, con transporte en frío a la bodega y allí tras ocho horas de maceración en prensa, inicio de la fermentación alcohólica que tiene lugar en barricas de madera nueva de roble francés. Permanencia posterior sobre lías durante tres meses, antes de realizar el embotellado.
En copa parada exhibe un cromatismo amarillo pajizo de notable intensidad y brillo, con reflejos verdosos, descubre en la proximidad aromática recuerdos de fruta cítrica, algún esbozo de manzana y una continuidad floral que se alinea con evocaciones especiadas dulces y un guiño entre láctico y pastelero, con equilibrio y frescura. La boca abre con jugosa expresión, la fruta predomina en el paso, buen tono de acidez y frescura, marcando en el alcance del paladar con mayor intensidad los retornos florales. Hay untuosidad en clave media alta y en esta añada percibo con más claridad que en otras de esta misma referencia, la influencia de las lías. Llegada y alcance, muy buena persistencia, dejando en la fase retronasal notas que evocan limón, manzana y pera, con flores blancas y amarillas, ramillete nupcial, estableciendo en y aquí más que en la fragancia un gesto balsámico, hinojo, algo de heno y en el final sensaciones de vainilla y pastelería.
Lo califico en esta añada 2016 como muy recomendable.
Creo que la inclusión de la garnacha blanca en el conjunto, es todo un acierto.

Viñedos y Bodegas Dominio de Tares Godello Fermentado en Barrica 2015.




En el Alto Bierzo, a seiscientos cincuenta metros de altitud sobre el nivel del mar, los responsables de campo de Dominio de Tares, cultivan con mimo las viñas de la casta godello que dan lugar, tras la pertinente cosecha, a este vino blanco seco de perfil monovarietal. Cuadro topográfico con suaves ondulaciones y terrenos de componente arcillo calcáreo sobre un lecho de pizarra, abono con estiércol de oveja y tres kilogramos de carga media por cada planta.
Tras la vendimia manual, se procede ya en bodega con mesa de selección y posterior despalillado sin estrujar, iniciando a continuación una fermentación alcohólica con utilización de levaduras naturales y añadidas, que se prolonga durante treinta días bajo control de temperatura y que llega a buen fin en depósitos de acero inoxidable de diez mil y veinte mil litros. Descube directo mediante gravedad a barricas de madera de roble francés de quinientos litros, en donde se lleva a cabo la maloláctica y en las que además madura durante seis meses, con un trasegado realizado con luna menguante. Ligero filtrado y embotellado final.
En copa parada afirma un cromatismo amarillo brillante con algunas pinceladas doradas, nariz que esgrime nostalgias de fruta cítrica, blanca con hueso, algunas ciruelas claudia maduras, guiño suave de membrillo, amplificando con sensaciones que evocan especiados dulces y pastelería, con un retorno final en donde cierta salinidad se une a efectos frutales cítricos bien marcados.
La boca es golosa y equilibrada desde el arranque, buena traza de acidez, graso y expresivo en cuanto a frescura, tiene estructura y longitud. Viveza y activador de salivación, marca una estupenda seña de persistencia y una retronasal que insiste en memorias de limón, pomelo, melocotón de viña y manzana, gesto leve de membrillo, con apunte medular y suave en clave balsámica, cerrando con un testigo expresivo de bizcocho panadero y alguna evocación de vainilla.
Buena complejidad pero siempre la fruta predominante.
Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable.

jueves, 23 de febrero de 2017

Finca Valpiedra Cantos de Valpiedra 2013.




La familia Martínez Bujanda es otro de mis clásicos incondicionales de cabecera en este espacio de divulgación de la cultura del vino. Sus referencias ocupan, añada tras añada, un espacio ya habitual en el blog que dirijo. Su Cantos de Valpiedra, vino tinto crianza de Rioja, esta vez en su edición de cosecha 2013 se elabora de modo monovarietal con uvas de la casta tempranillo, que se vendimian en las cepas más próximas al río cuyo curso transcurre por la finca en propiedad de la familia, suelos por ello de componente aluvial. En su proceso de vinificado, esta referencia de la bodega acredita doce meses de maduración en barricas de madera de roble francés y americano, previa fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable y maceración de dieciséis días.
Uno de esos vinos tintos de la histórica denominación de origen con los que siempre se acierta, y que en esta oportunidad, tras su pertinente cata, describo del siguiente modo : en copa parada pincela un cromatismo apicotado de buena intensidad, con reflejos púrpura e incipientes grana, nariz que escenifica testigos aromáticos que recuerdan a fruta negra y roja en sazón, segunda instancia con memorias espaciadas dulces y maderas de cedro, suaves tostados y un punto de frutos secos, buen empaque de fruta en el perfume con las influencias del roble siempre en segundo plano.
La boca abre gustosa, equilibrada, fina y con buena carga identitaria de la tempranillo en el paso, notable prolongación de la acidez, fresco y estructurado. Taninos golosos y afinados, dando una buena seña en cuanto a la persistencia. La retronasal habla de ciruelas negras y rojas, cerezas, fondo de vainilla y ebanistería, almendra tostada y en el final, un guiño de mineralidad que abre evocaciones de pedernal.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

Bodega Contador A mi Manera 2016.




La explosión de fruta de Benjamín Romeo se llama A Mi Manera y tiene como alma las uvas de tempranillo que el vitivinicultor sonserrano cultiva en fincas como San Pablo, Los Corrales y La Liende. Terrenos aluviales y arcillo calcáreos influenciados por un clima continental suave y que acreditan como media un rendimiento de kilo y medio por cepa.
La maceración carbónica de Romeo se apuntala mediante un proceso de tratamiento en frío durante tres días, antes de proceder a la fermentación que se prolonga durante siete jornadas bajo control de temperatura. Fermentado de uva entera, con el dióxido de carbono influyente y el mosto del interior del fruto acompañando al proceso. Son las enzimas glicolíticas quienes actúan dando luego a un vino con poca expresión tánica y en cambio un maravilloso y escultural impresionado frutal.
Con la ayuda de tinos troncocónicos de madera con una capacidad de diez mil litros, Romeo nos traslada un vino que en esta edición de añada 2016 y en copa parada esgrime un cromatismo apisonado intenso con reflejos violáceos, nariz ensalzada por nostalgias de cerezas, ciruelas negras, arándanos, moras y frambuesas, algunos estribos florales en segunda instancia y en el fondo una evocadora nota balsámica que me recuerda a regaliz y que pronuncia su potencial de fragancia. Lozanía y mucha fruta. Abre la boca con una jugosa sensación bien prolongada, desliza una traza de acidez bien delineada, aporte de músculo y viveza, diversión por los cuatro costados. Sabrosa ducha de fruta, con longitud y alcance. La retronasal habla de frutos rojos y negros en sazón, punto de flores violetas y ese escultural guiño balsámico que acompaña su cata hasta el final y más allá.
Lo califico en esta añada 2016 entre muy recomendable y más que muy recomendable.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Azienda Agricola Poggio La Luna L´Uno 2015.





Mi gratitud hacia Elisabetta Tommasoni, por su desinteresada colaboración con este espacio divulgador de la cultura del vino, mediando el envío de varias muestras de este vino tinto bautizado con el nombre de L´Uno, en su edición de añada 2015, afirmado en una conjunción varietal con base mayoritaria de la casta sangiovese y un aporte complementario e inferior de ciliegiolo, uva que también es conocida con el apelativo de aleatico di Spagna. Hay opiniones enfrentadas sobre el origen real de esta variedad de vitis vinífera, y aunque algunos estudios al respecto la emparentan con la sangiovese, otros rechazan esta relación y atribuyen su origen a España.
Poggio La Luna es una bodega familiar en la que Elisabetta y sus hijos Filippo y Andrea amplían sus elaboraciones más allá del vino, al aceite, la grappa y la miel.
Cultivo complejo, en una zona de Italia, alejada de la costa y adornada por colinas, con suelos de composición arcillosa y pedregosa, dedicando esta familia cuatro hectáreas a la viticultura, dentro de un total de dieciocho. Tommasoni y sus hijos emplean algunos métodos biodinámicos en sus prácticas agrícolas. buscando siempre el equilibrio natural trasladado al resultado final de sus productos.
Tras la vendimia manual, se procede con un proceso de vivificado que tiene lugar en bodega y que incluye uso de levaduras indígenas, maceración del fruto durante tres semanas y un tiempo de afinado en depósitos de acero inoxidable que se extiende durante diez meses.
Uno de esos vinos agradables, frescos y equilibrados en donde juega un papel relevante la ausencia de madera durante su crianza, dejando tras el descorche y primer servicio en copa, un paisaje con tonos apicotados de buena intensidad, estética de pureza, con reflejos grana y delicados rubídeos. Nariz que expresa recuerdos de cerezas, frambuesas y ciruelas rojas, amplificadas en segunda instancia por nostalgias de flores violetas, guiño silvestre y balsámico en el centro de la fragancia, deslizando después evocaciones de regaliz e infusión de té. Nariz muy equilibrada, en el arranque en boca ofrece un punto sabroso, con una longitud plena en cuanto a despliegue de frescura, buen tono de acidez, en el paladar se juntan el dulzor natural de la fruta y un punto amargoso agradable y sugerente que aporta buenas dosis de personalidad al vino, con unos taninos afinados y jugosos. Franca seña de persistencia y en la retronasal más testigos de fruta roja en sazón, algunas flores, balsámicos y tonos silvestres, de nuevo ese té, acabando con sapidez y sostenido alcance.
Una buena añada para este L´Uno, que califico como muy recomendable.